jueves, 26 de noviembre de 2020
MACROECONOMÍA: POLÍTICA MONETARIA
domingo, 17 de mayo de 2020
Economía Solidaria Para la Felicidad
El escritor uruguayo Alejandro De
Barbieri sostiene que: los gurúes de moda
nos quieren convencer de que la puerta de la felicidad se encuentra sin el
otro, por eso estamos cada vez más encerrados en nosotros mismos, aislados de
nuestra familia, de nuestros vecinos y de nosotros mismos.
Ante este individualismo y consumismo
imperante el presente artículo pretende poner de manifiesto que en la Economía Solidaria y en particular en
el Cooperativismo podemos hallar un
camino firme y válido hacia la felicidad, siendo solidarios y generando
economías que incluyan a los demás.
Para ello debemos comprender que
la solidaridad no es un elixir que
se adquiere y se aprehende en la escuela, ni tampoco cursando el más
extravagante de los postgrados, tampoco la encontraremos en un libro
encuadernado expendido en un kiosco o en una librería esotérica.
Necesita para su existir de una
serie de hechos y principios que comulguen con el mismo ideario. Partiendo de la familia debemos confluir en
un Estado que respete al hombre, lo proteja y lo guíe en el transitar de un
derrotero que lleva a un lugar, a un destino que al final no concluye en una
meta llena de veleidades materiales, sino que lo eleva en el logro del fin
único y propio de su existir.
Como brillantemente lo sostiene el
Profesor Roberto E. Franco: Si la economía solidaria fuese la impronta
de la humanidad, cuantos sufrimientos se habrían evitado sobre el firmamento,
cuantas miserias se habrían sepultado para siempre, cuantas penurias se habrían
transmutado en derroches de bienestar, cuantas envidias y egoísmos se habrían
desplazado a llovizna tenue pero firme de solidaridad.
La economía solidaria encuentra
hoy una excelsa forma de expresión en las cooperativas. Ellas le dan la
impronta insustituible de la solidaridad heredada de las organizaciones
primarias de la vida comunitaria como la familia. Esa solidaridad social se transforma
en una exigencia básica para el devenir de la supervivencia diaria.
El cooperativismo, aplica
originariamente la solidaridad – impronta de todos los hombres,
las sociedades intermedias y el Estado - que aspiran al Bien Común.
Atendiendo a que el principio, el sujeto
y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana. La economía solidaria su
fundamenta en los siguientes principios:
La reciprocidad en los
cambios es el principio fundante del
funcionamiento de una economía natural, permite la existencia de un ambiente
social donde todos, si absolutamente todos, son miembros necesarios de la
sociedad que integran. Si la economía se ajusta a lo que denominamos una
economía natural, existirán diversos niveles de vida, pera cada hombre y cada
grupo social obtendrá lo necesario para desarrollar una vida digna en un
ambiente de auténtica libertad.
Cada hombre será al mismo tiempo productor
y consumidor. El intercambio (en el buen sentido de la palabra: reciprocidad)
que une a ambos deberá permitir a cada uno seguir ocupando el mismo lugar en la
escala social luego de producida la transacción.
Si esto no es así no hay reciprocidad y
unos grupos se enriquecen más que otros y se suscita un problema moral y
jurídico que debe ser previsto y evitado por el Estado en su consecución del
Bien Común.
La subsidiariedad es
un bien originario que permite desde el hombre hacer todo lo que sea posible,
siguiendo por las sociedades intermedias y terminando en el Estado cuando las posibilidades
son insuficientes en los estados sociales anteriores.
La supletoriedad es
el valor insustituible que tiene el Estado de reemplazar y proteger a las
sociedades intermedias que requieren su apoyo ante dificultades perplejas e
insalvables para las mismas. Buscando de esta forma mejorar las condiciones de
vida, para que éstas sean más dignas y sanas para vivir, crecer, desarrollarse
y producir.
La subsistencia es
el principio que protege la vida nacional encauzando la vida
económica hacia la independencia. Extendiéndose luego a los
distintos países, razas y naciones, ayudando los países más ricos a los más
pobres y no aprovechándose de sus debilidades y limitaciones.
La
aplicación de estos principios en nuestras vidas nos acercará sin dudas a ser
cada vez más felices, a encontrar en la cotidianeidad de nuestros actos
momentos únicos e irrepetibles, por ello debemos ser un faro que guíe e ilumine el camino que conduce a la felicidad, aspirando siempre a la
verdad, el bien y la belleza para ser libres. Rompiendo con el viejo axioma de
la economía individual y egoísta de maximizar las ganancias por el de una economía natural y solidaria que diga:
¡En lugar de
“maximizar” sus ganancias “optimicen” sus vidas!
Economía de las Cavernas: los dos caminos
En el año 380 a.C. el gran filósofo Platón en el séptimo libro
de su obra “La República” planteó el “El mito de la caverna” y nos
mostraba cómo los hombres, aprisionados por cadenas, son expuestos a una
percepción falsa de la “realidad”; siendo manipulados por seres de más poder
que los condenaban a la ignorancia utilizando formas y hogueras que proyectaban
una verdad distorsionada; sin embargo, solo aquellos que lograban liberarse de
las cadenas, mirar hacia otro lado y luchar por salir de este lugar, eran
dichosos de aprender y ver una nueva realidad a través del conocimiento.
La filosofía de vida actual
nos presenta dos formas de ver la
realidad, dos caminos contrapuestos que se originan y finalizan fuera del
orden económico.
El camino de la
maximización, propio de la economía liberal, plantea una
falsa realidad, una realidad distorsionada, si así se la puede denominar, que
intenta facilitar al hombre un paraíso terrenal que cubre todas sus sueños e
ideales en el ámbito material. Poseer cosas y más
cosas. Nos hacen creer, que mientras más posesiones tengamos, dirigiremos a
otros o tendremos mayor Valor sobre otros; especialmente, si
hablamos de dinero.
Pero es indudable que este camino es un callejón sin salida, que no logra su objetivo. El
hombre encerrado en una caverna y aprisionado por cadenas se siente vacío,
desvinculado definitivamente de su fin sobrenatural y de su vida emocional, se
encuentra imbuido de un profundo egoísmo, posee todos los bienes, todo el
confort, pero inmerso en un intenso divagar sin esperanza, no logra lo que se
propone, no puede consolidar su vida en un mundo artificial.
Esta
malformación que se produce en la mente humana adormece al hombre y no le
permite comprender la gravedad del problema en que lo han sumergido, y solo
puede ser corregida desde lo cultural y lo educativo.
El
otro camino, el camino de la Solidaridad,
propio de la Economía Natural, vuela
alto; propone un hombre íntegro, que desarrolla sus capacidades corpóreas y
espirituales, un hombre pleno, feliz, humilde y sabedor de sus limitaciones,
pero promotor de un ambiente solidario. Un hombre que trasforma el vuelo en un
despliegue sólido y permanente. Un hombre, de carne y hueso, que todavía sueña,
mantiene ideales, trae hijos al mundo.
Un
hombre que necesita y exige “coherencia
y compromiso” para cortar las ataduras que nos mantiene retenidos en la
caverna; si queremos comprender y crear una nueva realidad, debemos comenzar
por realizar cosas nuevas distintas a las que veníamos desarrollando, para de
esta forma obtener resultados distintos.
Esta nueva percepción
de la realidad que transita el camino de la Solidaridad encuentra en las Cooperativas a su mejor aliado. Ellas,
las cooperativas, le dan la impronta insustituible de la solidaridad heredada
de las organizaciones primarias de la vida comunitaria como la familia.
La solidaridad fue, es y
será el principio originario y médula dorsal del movimiento cooperativo en
todos los tiempos. La solidaridad
ocupa un lugar prioritario en el campo económico, en el cuál generalmente las
cooperativas desarrollan sus actividades.
Si
la solidaridad fuese “la mano invisible”
que motorizase el mercado, el instrumento no sería la competencia, y mucho
menos, la concurrencia. Ese motor sería la reciprocidad.
Entre las propuestas de mayor
valía se pueden mencionar la formulación de los principios de las cooperativas
de producción y consumo. Las primeras procuran eliminar la enemistad que se
presenta en forma permanente entre el capital y el trabajo. Las cooperativas de consumo persiguen la
eliminación de la intermediación facilitando, por lo tanto, una comunicación
directa entre productores y consumidores.
Reciprocidad en los cambios, libre y justo intercambio,
estabilidad laboral, distribución equitativa del ingreso, respeto por la
dignidad humana son valores de la economía natural y solidaria.
Son
caminos contrapuestos, que no poseen puntos en común. Se requiere un acto de
sinceridad del hombre, que elija libremente un camino o el otro, sin puntos
medios, sin diagonales, pero asumiendo luego las consecuencias de su decisión:
·
Un camino prioriza la maximización de la ganancia el otro
camino la reciprocidad en los cambios.
·
Un camino tiene el costo de
un peaje: la libertad absoluta de los poderosos sobre los débiles; el
otro solo exige el libre y justo intercambio.
·
Un camino tiene la vía
rápida de la flexibilidad laboral y el
ajuste salarial; el otro la trama segura de la estabilidad laboral y la distribución equitativa del ingreso.
Debemos
despojarnos de ataduras y abandonar esta
“economía de las cavernas”, para de esa forma desplegar las alas de la solidaridad y la reciprocidad, único
camino para comprender que la maximización de las ganancias tiene una cara
contrapuesta: el hambre, la marginación y el fin de la esperanza. Comprendiendo
que “nuestra felicidad es interior y no
exterior y que por lo tanto no depende de lo que tenemos sino de lo que somos.”
Docentes tras las Rejas: Nota publicada Por Semanario

Enseñanza en privación de Libertad
La educación y la vocación docente te
pueden llevar por caminos impensados “Como seres humanos participamos en transformar el
mundo y esto ocurre cuando incidimos en nuestro entorno y logramos darle valor”.
Nahuel Otero es Profesor en Ciencias Económicas y Contador Público y desde el año 2004 ejerce la docencia en ambientes de privación de la libertad;
específicamente en la Unidad Penal N°2 de la Ciudad de Gualeguaychú en donde
funciona un colegio secundario, la Esja N°10; la cual permite a las personas
privada de su libertad terminar con sus estudios secundarios y obtener el
título de Bachiller con orientación en Economía y Administración de empresas.
En diálogo con Semanario el Profesor
Otero brindó detalles sobre esta particular forma de ejercer la docencia:
¿Que motiva ejercer la docencia en un
ambiente de privación de libertad?
Creo que la respuesta a esta pregunta
se encuentra en la vocación docente: “el docente tiene en sus manos la posibilidad de cambiar el mundo con
sus enseñanzas, con sus palabras y sus gestos; mediante una educación libre de
prejuicios e integradora de todas las personas para construir una sociedad
mejor”.
La educación tiene esa particularidad: te abre puertas y caminos que muchas veces
son impensados y que te permiten construir mejores modalidades de convivencia y
elevar la calidad de nuestra existencia. La Unidad
Penal N°2 ubicada hoy en el corazón de nuestra Ciudad vuelve impactante el
paisaje con sus viejos paredones y rejas oxidadas y pocos saben que alberga en
su interior un pequeño lugar, una humilde escuela, en donde se forjan sueños e
ideales de una vida mejor.
Es indudable que la educación dentro de una unidad penal se
presenta como algo novedoso y que mezcla un poco de aventura, de novedad y
hasta te diría un poco de fascinación por conocer un mundo oculto a la sociedad
y que genera muchos tabúes. Es abrir una puerta a un ambiente
educativo donde uno jamás, hubiera planificado desarrollar su carrera
profesional.
¿Como es un día de clases tras las rejas?
Llevo 15 años formando parte de un cuerpo
docente integrado por Profesores y Profesoras que desarrollamos nuestra
actividad en el Colegio secundario que funciona dentro de la unidad Penal N°2
en donde los internos/ alumnos tienen la posibilidad de terminar sus estudios
secundarios. El impacto que genera tener que recorrer un largo y húmedo pasillo,
pasar tres rejas hasta llegar al colegio y que las mismas se vayan cerrando en
la medida que avanzas es muy fuerte desde lo emocional. Somos un grupo de
“docentes tras las rejas”, que todos los días ingresamos a la unidad
penal y que por un par de horas compartimos
con nuestros alumnos la sensación de estar privados de la libertad, siempre
con el simple afán y con el deseo de mejorar la realidad de los alumnos
que asisten, entendiendo que el Ser no está
detrás, sino que se constituye en las posibilidades de cultivar el alma,
incrementando el valor del aprendizaje como el camino de la transformación
personal.
Ya en la Escuela el docente desarrolla
su tarea como en cualquier institución educativa, con un contacto directo con
el alumno, sin rejas de por medio y sin guardias. La escuela se transforma de esta manera en un reducto dentro de la
unidad penal donde se respira libertad, donde la comunidad educativa puede
atreverse a volar y a soñar a través del conocimiento y la lectura.
La finalización de la jornada educativa
es otro momento muy particular y que genera muchas sensaciones encontradas; el
chirrido de las rejas que antes se cerraban a nuestro paso ahora se abren, los
alumnos regresan a sus pabellones a seguir cumpliendo con sus condenas y los
Profesores respiramos la suave brisa de la libertad dejando atrás esa enorme
mole de cemento que tantas historias y secretos guarda tras sus paredes.
¿Como es el funcionamiento del Colegio
dentro del Penal?
Se trata de una institución educativa
que funciona dentro de otra institución como lo es el Servicio Penitenciario,
en donde el docente tiene que adaptarse a las normas de funcionamiento y de
seguridad de la unidad penal. Existe un trabajo de coordinación permanente
entre el cuerpo docente y los Agentes del servicio Penitenciario ya que son
éstos quienes buscan a los alumnos en sus respectivos pabellones para que puedan
asistir a clases.
La educación en ambientes de privación
de libertad rompe el molde de la educación convencional, se pierden elementos
tradicionales de las escuelas como lo son el timbre o la campana y se los
reemplaza por un simple golpeteo de
candado o de cerrojo contra una reja para solicitar la apertura o la salida
de la escuela. Las pizarras y borradores son construidos por los propios
alumnos dentro de los distintos talleres que funcionan en la unidad penal. La
vieja biblioteca, con libros antiquísimos y aromas a papiro, se transforma en
el centro de reunión donde profesores y alumnos diagramamos las actividades a
realizar.
¿Como es el trato con los alumnos?
En todos los años que llevo como
docente en la Unidad Penal he tenido alumnos de distintas latitudes y con
distintos tipos de delitos cometidos que los han llevado a estar privados de la
libertad. Siempre encontré gratitud de parte de los alumnos hacia la función
que me tocaba cumplir como docente. Uno
debe despojarse de la mochila de los prejuicios y ver que la persona que
tiene enfrente es un alumno que busca formarse dentro de un ambiente donde le
toca estar purgando una condena. Al
docente no le debe importar el delito que el alumno haya cometido, lo que le
importa es que ese alumno busque superarse y que deje atrás un pasado que le ha
sido turbulento.
El paisaje formado por grandes muros y
alambres de púas entrelazados, las torres de control y sus reflectores
apuntando hacia distintas direcciones, los gruesos barrotes coronando las
ventanas son el ámbito en donde la educación carcelaria genera una respuesta
que hace tambalear el orden de prioridades y de valores que uno posee. Uno
ingresa a dictar clases al penal con la vorágine del día a día, con los
problemas cotidianos que a todos nos afectan y te encontras con alumnos que
dejan caer sus lagrimas o se hallan deprimidos por no poder ver a sus familias
o por no poder asistir al cumpleaños de sus hijos. Son situaciones que te
llevan a meditar sobre lo que verdaderamente es importante: muchas veces tenemos todo al alcance de
nuestras manos y no hacemos un alto para valorarlo y disfrutarlo. La persona despojada de su libertad física
busca aferrarse a sus afectos más profundos y vive con mucho dolor e
infelicidad su ausencia. La familia es un tema recurrente en nuestros
alumnos, sus añoranzas y recuerdos y los sueños de un futuro mejor son el
principal motor de motivación para comprender que existe una libertad que no se
pierde: la libertad espiritual.
La lluvia, el frio o la niebla del
invierno que recorre los pasillos de la unidad penal no son impedimentos para
asistir a la escuela. Los alumnos privados de la libertad siempre están y coinciden
en que “entrar al mundo del delito es muy sencillo pero salir del mismo se
vuelve algo muy complejo”, saben que el proceso de reinserción social
no es sencillo. Que los sueños y planes de una vida mejor y dentro del marco
legal vigente se desintegran frente a una sociedad que estigmatiza y que mira
con gran desconfianza el paso por prisión.
Me ha resultado muy gratificante el
haberme encontrado en la calle con personas que ya cumplieron su condena y que
fueron mis alumnos en la unidad penal y que se han acercado a saludarme y
charlar. El hecho de escuchar de ellos que han podido rehacer sus vidas y que la
educación fue su escapatoria en esos difíciles momentos se transforma en una
caricia al alma, en un reconocimiento invalorable para quienes ejercemos la
docencia en ambientes de privación de libertad.
La educación carcelaria muchas veces no
es aceptada ni comprendida por una parte de la sociedad que sostiene que los
penales son un ámbito de castigo y no de formación. Pero el verdadero docente
ama su profesión y de manera silenciosa, sin importar el ámbito ni los
recursos, desarrolla su vocación comprendiendo que la libertad es un hecho
interior que se vive a través de la educación, como maravillosamente sostenía Antoine de Saint-Exupéry “Si queremos un mundo de paz y de justicia debemos poner la
inteligencia al servicio del amor”. Así, amar y comprender se unen para
servir, desde la empatía, desde la voluntad de construir un bien
común. Porque si la cultura y la verdad nos hace libres, el amor y la
voluntad nos hacen fuertes, y la unión de todos ellos hace que esta vida que
nos ha tocado vivir sea más plena y llena de sentido.
viernes, 3 de abril de 2020
Microeconomía: Factores Productivos
jueves, 2 de abril de 2020
Principios Básicos de la Contabilidad: Facturación
Legislación Laboral: Contrato por Tiempo Indeterminado
Explicándolo de manera sencilla podemos decir que existe un contrato de trabajo, cualquiera fuere el nombre que le asignen al contrato o forma que le den, cuando un trabajador realice actos, preste servicios o ejecute obras, de una manera permanente o transitoria, cumpliendo órdenes de un empleador, a cambio de una remuneración determinada. Esta definición ejemplificativa se desprende de lo establecido en el Art 21 de la L.C.T.
De la definición de trabajo sacamos en claro que en el contrato de trabajo intervienen dos sujetos, el trabajador y el empleador, cada uno tiene sus derechos y obligaciones, este tema se desarrollará más adelante.
En la práctica concreta, desde el momento en que una persona cumple servicio en favor de otra, a cambio de una remuneración. En este caso la ley entiende que hay contrato. En caso de conflicto corresponde a la parte empleadora demostrar lo contrario. La Ley aplica el Principio de Indubio Pro Operario (en caso de duda se está a favor del trabajador).
Por último alguna de las características del contrato de trabajo son:
- es una prestación voluntaria, requiere el consentimiento del trabajador, caso contrario sería un trabajo esclavo;
- onerosa, la
prestación siempre debe ser retribuida, no es gratuita;
- subordinada, el
trabajador está sujeto a órdenes e instrucciones del empleador, quien dispone
de facultades para organizar la empresa;
- como regla general es de tiempo indeterminado, por que existe modalidades de contrato de trabajo que son por tiempo determinado.



